Uno que vende
Nicolás es un vendedor de ésos de Martinica con Avenida Sarmiento. Le encantan los relojitos a cuerda y por lo general es un tipo de ésos simples que no piensa mucho - "para que molestarse", responde cuando le plantean cuestiones de índole filosófica.
El cuento es que cada día su tienda de abarrotes se llena con los clientes habituales que le compran sus cosas habituales, y a fin de cuentas todo es increíblemente
habitual.Nicolás claramente tiene inquietudes como que podría hacer de su vida y se pregunta recurrentemente respecto a temas como el sentido de ésta. Piensa también en mujeres y detesta a su pareja porque en la tiendita hay un poster con una modelo de una marca de cerveza a la que compara con su esmerada aunque ligeramente neurótica mujer, a la que al final de cuentas deja de detestar la mayoría de las veces que la vé y de hecho terminan tomando tecitos o paseando por la plaza. Incluso de vez en cuando se hacen mimos en los que Nicolás se acuerda de la mujer del comercial pero con positivos resultados.
Un día la mina del comercial efectivamente llegó a su tienda y le pidió un par de papayas, una cajetilla de cigarros, un libro para pintar y una base para preparar carne alemana.
Como ya nos vamos imaginando, Nicolás es gordo y tiene la apariencia de un vendedor de tiendita de nula importancia en el general del mundo pero sí una pequeña relevancia para sus consumidores.
El ErrorA continuación voy a relatar como Nicolás se lleva a sí mismo a un mundo aparentemente genial pero que le deja una cagada total, como ésas de algunos políticos y funcionarios públicos.Al ver aquella mujer - quien misma se reconoció, de hecho, en el cartel y tiró una o dos bromas frente a las que Nicolás no supo como reaccionar y se rió apenas, absolutamente lleno de nervios pero encantado y ya imaginándose contando el acontecimiento a sus amigos - Nicolás cae en un estado casi de angustia, por la pura excitación.
Quizás están esperando que ella le haya dicho algo a Nicolás, o que éste haya tratado de seducirla, o que de hecho - y en esto deben estar pensando - efectivamente algo haya pasado entre ellos que haya destruido su vida en el largo plazo y como es de esperarse, no la de ella.
Pero no, claro que no. Lógicamente no paso nada entre la cómoda, rica y bella modelo y el gordo vendedor de una tienda sin importancia sumido en un mundo sin ninguna importancia, porque como bien sabemos, ésas cosas rara vez pasan y lo común es que éstas modelos estén con tipos andando en yates, hijitos de papas rubios, o futbolistas si la categoría de la modelo fuera ligeramente más vulgar. (También se da el caso en que están con actores o con tipos simpáticos con aires de saberlo todo pero llenos de deudas y fuentes constantes de problemas e infidelidades esporádicas.)
Antes de salir, coquetamente, le dice: me encanta tu tienda, y en un gesto grácil y despreocupado le tira un beso a nuestro protagonista.
Para nosotros una gracia, una simpatía. Para Nicolás, un acontecimiento. Cogió el una cerveza de la marca del afiche apenas salió esta mujer y estuvo convencido que ella le deseaba como una aventura en el pueblo, donde reconocería un macho - y lo hubiera quizás reconocido, entre el transporte de lechugas y el apilar latas, las considreaciones de Nicolás frente al sexo no eran más complejas que las de un gorila frente a una gorila o algún otro animal similar.
Entran las variablesPor desgracia, la vida no es tan fácil, y en su habitual genialidad, introduce a esta historia variables como siempre lo hace, que son irresistibles pero peligrosísimas.
El apilador que trabajaba y estaba de hecho relegado a Nicolás,
Die Ego, aparentemente de ascendencia alemana, malinterpretó todo.
-
Don Nicolás, cachó?- No te entiendo cabro-Si poh, la mina lo miró así.- Creís, huevón? - Aquí la cara del poco complicado protagonista se arruga entera como una tohalla absorbente usada.
- Si poh. Wena jefe ah? Se las trae usted.Desde este día la modelo empezó a comprar regularmente en la tienda, aparentemente se había mudado al barrio y muy cerca de la tienda.
Cada vez que entraba - ignorando casi por completo a los empleados Nicolás y Die Ego - se llevaba sus verduras y conservas y se iba.
Y Die Ego no podía creerlo.
Vió, como que lo miró de reojo.Die Ego es un maricón, el culpable de todo.Así es. Los sucesivos comentarios de Die Ego llevan a Nicolás a un estado de artificial atención. Éste empieza a planear su movida con la modelo - con la modelo, joder! - y al llegar a su casa, despues de en general apilar mal las arvejas y otras conservas por estar
pensando en las posibles estrategias, consecuencias, sensaciones, maravillas, desgracias y resoluciones que vienen atadas al hecho de finalmente tomar la iniciativa y enfrentar, de una vez por todas, el que era
su deber, hablarle a la modelo y conseguir algo, lo que sea de ella.
Pero, sobre todo, pensaba en el momento en que le diría al despreocupado Die Ego,
sí, funcionó, la besé, le limpié el auto, me la llevé un par de semanas a Praga, le lavé los calcetines y alimenté su perro. Que pasó y como.Un día la señorita entra, hace su común saludo y se dirige como suele hacerlo a las betarragas.
Nicolás se saca su delantal blanco manchado, suelta las zanahorias y se dirige a ella.
- Don Nicolás como está- Muy bien señorita, responde con toda la dentadura.
-
Oiga, disculpe la indiscreción, es usted bueno arreglando cosas? Mi tubería esta goteando y no se a quién acudir.Claro que fué. Y arregló la tubería. Ella vió lo que ocurrió y en agradecimiento le pasó 20 lucas y le dijo: "
Ayyy muchas gracias... pero está bien ah? así se mueve y adelgaza un poco el..."LE DA UNA AMISTOSA PALMADITA EN EL CULO
Jamás se sintió tan dichoso, jamás. Pensó en su mujer... si esta estaba
interesada en él, a cuantas más podría tener. Él tenía un potencial hasta ahora desconocido! Gracias Die Ego, que el le había mostrado donde pertenecía. Le contaría inmediatamente, de hecho, contra sus propias dudas, por fin podría pararse frente a Die Ego y decirle como eran las cosas, que él era un ganador. Qué genial, ahora ya estaba hecho todo, que alivio. Le iba a invitar una cerveza al chico.
Die Ego: Felicidades! Y después que ella se te insinuó así, que hiciste?FinalComo esperábamos, jamás pasó nada más.
Antes de eso se puso a pensar cada día en que más hacer, mirando de reojo a Die Ego, su amigo que lo juzgaba y que esperaba verlo llegar donde le correspondía. Cada día los productos estaban mas desordenados, que como bien sabemos irrita a los distribuidores y dismunuye las ventas, etc. Es que Nicolás estaba desconcentrado. La historia la contó treinta mil veces, tantas que sus clientes se aburrieron de ella y algunos incluso dejaron de ir a ese local y lo cambiaron por el de la flaca teñida de la esquina, que además tenía mejores escobas. Pero es que había que hacer algo, Die Ego confiaba en él, que iba a pensar ahora, que era un tipo penca? No soportaba verlo barrer a su lado y su cara al ver entrar a la modelo que venía cada día menos.
Finalmente ella no vino más. El pensó que volvería. El local... no le fue excelente que digamos, cayeron un poco las ventas. Pero Die Ego! Die Ego no podía saber que ella no estaba con el!!! Él la encontraría. De hecho le mintió y dijo que en la casa de ella se habían quedado de acuerdo en juntarse a arreglar el filtro de la piscina y que por eso no la veía mas, porque ahora hacía tantos menesteres en su casa que le llevaba las cosas el mismo en la bolsa de cartón.
Su mujer tan simple y adorable, la neurótica, se quedó en la casa. Eso quiere decir no más tecitos
ni paseítos por el parque - como le gustaban a Nicolás una vez! - pero primero tenía que acercarse más a ella o a otras, así le contaba a Die Ego que tanto lo quería lo bien que le iba a su jefe con las mujeres, que como la "niñita" del afiche (dijé ya cuando le dijo que la había besado entre las plantas de la piscina?) había sido la primera de una serie de afortunadas que ya amaban al
fortachón de las lechugas como se hacía llamar el mismo al momento.
No hubo más paseítos ni tecitos ni otros hitos.
La tienda se cerró. Ahora Nicolás pensaba constantemente en como mantener a Die Ego convencido de lo que era o fué y que de que grandes tiempos habían habido para él.
Pero le había gustado tanto
la agarradita en el poto! De ella, que salía en trajes rojos apretados y labios sensuales rodeada de cerveza!!!Ese mismo día debería haber mandado a Die Ego a no joder más y a comprar más cebollas, o a comprar papas. O a freírlas.
O llenarlo de plomo.