Wednesday, February 08, 2006

Diarios de Bicicleta


Apróntense a lo que sería uno de los días mas potentes por mi vividos en mucho tiempo.
Así como en la película, ayer yo y jerge nos separamos, seguimos caminos diferentes.
La convivencia ya alcanzaba matices perfectos pero los distintos intereses de ambos nos decidieron alejar, voluntaria y pacíficamente.
En este momento son las 15h36 y les escribo desde Esquel, argentina. Pero antes voy a retroceder.

Después de salir de las tierras de Mr Tompkins nos retiramos hacia unas termas alejadas y terroríficas, de una belleza excepcional, luego hacia el lago yelcho - donde comimos un excelente pescado frito - desde donde nos dirigimos hacia la "Villa Santa Lucía", un lugar invivible según mis parámetros. Es un pueblo pequeñísimo donde NO HAY PACOS NI SE VENDE ALCOHOL. Los sueldos son altísimos y todo el mundo tiene los ojos azules, hasta los indios-indios. El lugar mas fome sobre la faz de la tierra, con toda seguridad y la gente más amargada y hostil que haya visto. No roban. No hacen nada. Solo follan con militares...
La vie, seullement...

Después de eso anduvimos en bicicleta hasta futaleufú, donde después de un día decidimos separarnos. Antes de irnos conocimos al grupo de americanos a la Bukowski, Brian y Patrick William Condon. Hablamos de ésas cosas que se hablan con los americanos, todos iguales y aburridos aunque bastante literarios. Discutimos a Ginsberg y Hemingway, entre otros, pero con un interlocutor con iniciativas tales como traer una banda de Frisco a tocar a la patagonia chilena. Un pelota, pero divertido y buena onda. Nos tomamos unos wiskys en su patio trasero en futaleufú, desde donde operaban sus agencias de rafting y pesca - caballo incluído -, pasamos por la plaza, desde donde ví por última vez a Catharina, la alemana más deseada de la zona a quién solo dediqué un adios cálido pero en realidad indiferente, y adiós al fin. Farewell triste a Jerge, y a argentina.


Empecé finalmente a sentir, miedo agregado, todo este asunto del estoy solo cruzando la frontera, en bicicleta. A medida que avanzaba, el paisaje chileno fracturado y corrompido por bosques salvajes, lagos a cascadas se cambiaba por la amplitud y sequedad de las pampas. No hay tráfico. No hay animales, autos. No hay nada. A medida que pedaleaba hacia Trevelin la luz empezaba a bajar y me quedaba solo, en la bicicleta. Desconocía las distancias y los peligros, era solo un pedalear. Ya iban horas y no había mas que perros que me perseguían, sin plata, carpa o cocinilla.
Después de una hora en la oscuridad y con piernas destruídas pero automáticas llegué a Trevelin, un lugar ya 100% argentino, con todas esas cosas que a uno le gustan como las Quilmes y las minas ricas. Busqué hostal sin éxito. Después de una larga búsqueda me enviaron donde "el chileno Morales" quien me cambió quizás injustamente plata y me envió a "La Casa Verde", el único hostal pagable.

El problema es que ya son las 00h0 y en "La - puta - Casa Verde" no queda espacio y es carísima. Ahí entre cigarros y conversación con Eduardo de Buenos Aires y la maravillosa xxx de Rosario me encontraron un lugar a 3 kilómetros en la carretera, "El albergue de los Sueños". Anduve horas, aterrado y sin luz, buscando este lugar, por la carretera. Intentando leer los carteles con la luz de la luna - la linterna no funcionaba - incluso cayendome de cansancio después de 9 horas en bicicleta intentando descifrar los carteles.
Después de dos horas de perros acechantes y un par de granjas donde pregunté, aterrado, llego finalmente al Hostal. 2h30 y aparece este wn, que se encuentras conmigo ahora con un bife de chorizo en la guata, como yo, diciendo: This is the Hostel. Jamás vi un lugar mas recóndito. El wn es un israelita de nombre impronunciable que me trató fantásticamente - y yo que venía de un río al final del camino, en los campos, nisiquiera la carretera - que no hablaba español. En eso aparece Shlomit, que se pasea en toalla para subirnos la presión.
Después que Juan el dueño llega es muy tarde, los 3 hablamos y fumamos para después irme a la pieza donde las 2 israelitas están.
Me acuesto y me doy cuenta que estoy al lado de una de las israelitas, pero, será la bella Shlomit o esa gorda insoportable? Sentí un brazo alrededor mío... pero estaba todo tan oscuro... no quería equivocarme.
Me dí media vuelta y al otro día - horror - amanezco al lado de la Gorda. Bien jugado. Le dediqué una sonrisa cortés y aquí estoy, ya he pedaleado hasta Esquel.
Hay momentos de odio intenso hacia la bicicleta y otros momentos fantásticos. Barba, pelo largo ya todo desteñido, y weas. Look de alemán loco de bicicleta.
Y aún quedan muuuchos kilómetros hasta pucón, donde me espera Sandoval. Y pocos días para hacerlo. Ruego a quien haya que hacerlo un final feliz, un camionero que me de un aventón.
Hoy el destino es El Bolsón.
Espero suerte.

Abrazos Chés
Laifson

1 Comments:

At 11:39 AM, Blogger Meph said...

al paraiso hippie menos hippie de la tierra... (o al menos esa fue mi impresión)

Saludos, jamás te creí capaz de aguantar tanto...

 

Post a Comment

<< Home